Eran las 11 de la noche un 24 de
diciembre, tenía 6 años y ese día no
quise acostarme debido a que mi papá, no estaba en casa y todos lo esperábamos,
pero él no apareció y no hubo regalos, sólo impaciencia porque la familia no
estaba completa.
-¿Por qué papá no ha llegado?- le
preguntamos a mamá, quien apenada sólo decía- ¡ya llegará!
Miré el pequeño arbolito de
navidad, vacío, sin regalos y pensé que algo le había sucedido a papá, porque siempre
llegaba a las 10 de la noche, aunque cansado. Apenas si lo veíamos, pero a pesar de
todo, cuando mamá enfermó él se preocupó tanto de nosotros que todos los
domingos, día de su descanso, se dedicó a enseñarnos a montar bicicleta en un
parque. A pesar de mis miedos aprendí a sostenerme en él, hasta que después de
muchas caídas aprendí. Recuerdo la enorme satisfacción en su rostro y la pena
que tuvo al devolver la bicicleta, prestada de mi tía Selva.
-¡Ya te compraré una bicicleta
nueva!- me dijo, consolándome- y podrás manejar sin tener que pedir prestado
-¡Sí! –le respondí alegre,
mirándolo, mientras él bajaba la cabeza, desconsolado
Era pequeño y no entendía que
habíamos pasado la peor crisis financiera de nuestras vidas, estábamos
endeudados, debido a la enfermedad de mi mamá y no había plata, ni para comer,
tanto así que nos hospedamos mucho tiempo en la casa de una tía.
Mi padre tenía tantas deudas que
hacía sobre tiempo, incluso en navidad. Esa noche pedimos a Diosito por él,
para que lo cuide y lo traiga a casa
sano y salvo y nos quedamos dormidos, hasta que después de unas horas llegó.
Lo escuché sollozar junto a mi
madre, no había plata para regalos
-¡Este año no hay Papa Noel!-
gemía, abatido.
Al día siguiente nos levantó
temprano y nos llevó a la casa de mi tía, cuando entramos mi hermanita y yo,
toda la familia sonreía y sacaron de un cuarto una bicicleta, la trajeron hasta
nosotros y mi papá con los ojos enrojecidos, balbuceó.
-¡Feliz navidad! – Nos dijo, se
acercó y nos abrazó.
Al mirar la bicicleta supe que
era de mi tía, sólo que estaba pintada y parecía nueva, pero no me importó y lo abracé fuerte. Durante esos días no comprendí las lágrimas de mi
padre, pero ahora que soy adulto sé que por nosotros trabajó sin descansar, ni
dormir bien, aunque no logró nada, porque tenía que pagar deudas, es así que avergonzado
recibió la ayuda de la familia y se resignó
a aceptar lo que le daban, aunque su deseo de regalarnos una bicicleta nueva,
quedó siempre en su corazón.
Esa bicicleta, la manejé hasta
que se malogró y siempre la valoré, hasta hoy, que la recuerdo, porque por
primera vez vi como mi padre nos amó tanto que no le importó que lo compadezcan
o lo tildaran de menos, para él siempre nosotros, éramos primero.
Este viernes feriado asistí a un
matrimonio anhelado, ¿y saben por qué?, debido a que los novios llegaron a mi
casa con una invitación tan especial que me quedé sorprendido, porque
prometieron realizar un festín dedicado al amor, donde los invitados sólo
serían íntimos amigos, involucrados con ellos, idóneos para deleitarse con sus expresiones y sentimientos.
Para lograrlo, los novios se
preocuparon por alquilar un idílico local con un enorme campo de césped,
rodeado de árboles y en el centro, un toldo especial de matrimonio, cubierto
con cortinas de tool, elegantes y especiales para dejar pasar la luz del sol,
dándole al lugar un ambiente natural. A un
costado, un arco nupcial, lleno de flores,
con sillas a su alrededor, allí, yacía esperando a los invitados para dar
inicio a la ceremonia.
¡El novio, el novio!- se escuchó de
pronto, gritos por todas partes, mientras presurosos corrían muchos jóvenes,
entre ellos mi hijo de trece años, quien
al enterarse de que Álvaro se casaría, dejó todo para ser uno de los pajes,
porque sabía que el novio era el hijo de Nelly y José, buenos amigos, de muchos
años, casi familia y él no quería perdérselo.
Inmediatamente como había sido
programado, la voz melodiosa de un tenor inundó el ambiente cual ruiseñor,
encandilando los oídos de los presentes al entonar frases de amor, de la
canción: “Por ti volaré”, de Andrea
Bocelli; entre tanto los pajes, que se acercaban, al ritmo melódico, anunciaban la llegada
del novio. Al verlo la música me traslado hacia el
pasado, cuando él tenía 2 añitos y sentado en un columpio me decía: “pofesó amputame, (empújame) y ahora al verlo hecho un hombre, caminando
resuelto con su mamá al altar, comprendí que el destino de los seres humanos es
así, algún día, abandonaran a los padres
para volar como dice la canción en busca del amor de su vida, por el que
dejaran todo sin importar nada, anhelando sólo estar con aquel o aquella que
complementará su existencia y se cumplirá lo que dice esta estrofa:
“Por ti volaré,
Espera… que llegaré,
Mi fin de trayecto eres tú…,
Contigo yo viviré,
Por ti volaré,
Por cielos y mares hasta tu amor,
Abriendo los ojos por fin…,
Contigo yo viviré”.
Miré a Nelly (la mamá del novio) que
con sus ojos enrojecidos decía adiós a su único
hijo y José (su papá) sentado en primera fila, resignado ante un destino
inevitable. Era la despedida, el momento en que los padres decimos adiós a
nuestros hijos. Los vemos partir esperanzados que ese vuelo será el mejor de
sus vidas, deseándoles por siempre lo mejor. Miré a mi hijito de trece años, un
niño aún, acompañado de una niña y supe
que él también volaría algún día y sería el día más triste de mi vida y a la
vez, el de mayor satisfacción, al verlo feliz y realizado y diría lo mismo que
dijo Nelly casi al final de las celebraciones:
“No estoy triste, sino muy feliz porque he
cumplido la misión de ver a mi hijo casarse, ahora tengo otra hija y quiero
muchos nietos”
Sus palabras provocaron lágrimas,
risas, recuerdos, penas y esperanzas, aunque ciertas frases de la novia
retumbaban en mis oídos: “todos los que están aquí, han venido a compartir y
sentir nuestro amor” créanme que así fue, salí satisfecho de haber presenciado
este matrimonio porque entendí que el
destino de todos es volar como las aves y dejar nuestro primer nido para juntarnos con una idónea o idóneo y seguirlo
por confines desconocidos, por cielos y mares, abriendo los ojos por fin,
Puedo concluir, manifestando la
certeza de Dios en génesis 2:24, cuando manifestó:
“Por tanto, dejará el hombre a su
padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”
Estos días tuve una interesante conversación
con una profesora sobre la capacidad para manejar personal conflictivo y
créanme que me quedé asombrado al escuchar sobre una Directora a la que le decían: “la dama de hierro”. Su
apelativo despertó mi interés y hurgué más sobre este personaje.
-¿Qué pasaría si llega una Directora
con aspiraciones de cambiar el sistema, levantar la imagen del colegio y
colocarlo entre los primeros puestos del distrito y de la UGEL?- me preguntó tan fascinada que me
abstraje por unos segundos y evoqué al entrenador Careca y todo lo que debió haber padecido para realizar los cambios en la
selección, las peleas, desencuentros, enemistades y la firmeza de continuar,
pese a quien le pese.
Según mi informante casual, esta
Directora llegó con muchas aspiraciones, quería que este centro educativo se
convierta en un colegio vitrina (colegio modelo) entre todas las
instituciones educativas y para
lograrlo, tenía que ser el mejor en todo, metodología, personal,
infraestructura y desempeño. Pero al llegar se tropezó con un problema, el personal. A ellos no le gustaba que les llamen la atención, se reunían en todo momento, interrumpiendo
sus horarios de clase, llegaban
tarde y marcaban tarjeta como si
hubiesen asistido temprano, hasta que ella decidió cambiar esta situación, pero
una profesora se le enfrentó y empezó a
gritar buscando el apoyo de las demás, desde un extremo del patio hasta el
lugar donde ella estaba.
-¡Si quiere póngame tardanza y se
acabó!- gritó tan enfurecida, que su rostro temblaba- ¡No me gustan los sermones!
Ante la mirada cómplice y sorprendida
de todos los que escuchaban, la Directora
sólo atinó en acercarse a ella, hasta que la tuvo lo suficiente cerca.
-No necesitas gritar para que te
escuche – le increpó calmadamente y muy serena- o ¿es
que buscas levantar a los demás contra
mí?
¡No es así! – Volvió a la carga-
póngame la tardanza y se acabó.
-¿Creo que no es sólo eso?- le
contestó – pienso que tu tardanza es una falta y debes mejor retirarte o si
prefieres quédate, pero sabiendo que no estas considerada como presente.
¡No, no! – Le replicó ofuscada- ¡Yo sé mis derechos y usted no me puede poner
falta!
-Si vas a replicar, refútame con las
normas – sacó unos documentos y le mostró- el horario de entrada es
7:45 de la mañana y el de salida,
a la 1 de la tarde, pero no hay normas para las tardanzas, por lo tanto, si no estas a la hora es como si hubieses faltado.
-Si pero en el reglamento interno
del colegio- dudó y bajó la voz.
-No dice nada- arremetió contundente, la directora
-Bueno yo…-se quedó callada.
Esta provocación permitió que todos
le tengan temor, porque no necesitó gritar, sino mostrarle las normas y eso
las asustó; y la respetaron. Aunque las
luchas y los enfrentamientos no acabaron, pero si les narro todo, haría una novela,
sin embargo, sí puedo decir algo: logró en un año, convertir a
su institución en un “colegio vitrina”, a
pesar de los obstáculos, pugnas, acusaciones, pero ella no se amilanó y
enfrentó con una entereza sorprendente, aplicando en su vida una aspiración, que
la mantiene fuerte ante las tempestades de la vida y es llegar a ser algún día, la próxima: “Ministra de Educación”.
¿Tarea difícil? para algunos sí, pero para ella era un reto más, al que vencía con una vida planificada de muchos ejercicios en el gimnasio, abundante
lectura, alimentos nutritivos y salidas constantes con buenas amistades.
No sé lo que ustedes piensen,
pero personas tan esquemáticamente preparadas, realmente pocas, creo que algún
día la veré ocupando ese cargo que tanto ansía y entonces diré: “Sigue tus
sueños, que algún día se cumplirán”.
Hace unos días asistí a una reunión de excompañeros de la universidad Garcilaso, al llegar y verlos recordé a esos muchachos y muchachas que dejé de ver cuando eran delgados, risueños, mal vestidos y
con mucho entusiasmo, ellos, mi generación, los
sobrevivientes de la agitada década de los ochenta, la de los cambios, ¿rompimos prejuicios? No lo sé, pero empezamos
a vivir, como nunca.
Entre ellos estaba el muy apreciado Coco o “Coco Chancay” como
él prefería que lo llamaran y Marco, que
como buen anfitrión apareció, resolviendo
los últimos entretelones de la reunión,
por otro lado, Milagritos se encargó de recibir a todos y César, Roberto, Coco, Jorge y Estela entretenían
con sus anécdotas transportando al que los escuchaba, en el tiempo, es por eso que evoqué el primer día que asistimos a la universidad, cuando nos juntaron a todos (185 ingresantes) en un aula prestada de ingeniería
industrial, porque no teníamos nada, ni
salón, ni local, sólo un título virtual de: “ingresantes de comunicación”.
-Éramos gitanos-pensé y creo que a todos les pasó esa idea por
la cabeza.
- ¡Si!, ¿recuerdas? –
dijo Roberto - el local de Sánchez cerro, allí nos ubicaron primero
- y después nos reubicaron en la avenida del ejército-
intervino César.
¡Y allí empezó todo!- recalcó Jorge, pícaramente- soltando
una carcajada, que provocó a los demás.
Recordamos las fiestas, las borracheras, los licores baratos
y las billeteras vacías que hacían
imposible tomar un taxi en horas de la madrugada y de como para ir a una fiesta
de algún compañero o compañera viajábamos largas distancias, sin importar si el
lugar era peligroso, y casi siempre no
salíamos hasta el día siguiente.
-¡Misios!- gritó alguien- y todos gozamos la ocurrencia con
carcajadas.
Las mujeres de nuestra promo, en cambio, se pasaron casi
toda la fiesta tomándose selfies, como cuando muchachas, riéndose, haciendo
bromas, disfrutando el reencuentro y es que realmente esta reunión no hubiese
salido bien, sin la animada participación de Milagritos, Elsa, Sonia, Patty, María y
Marcela que lograron crear un ambiente de
camaradería y a esto, se añadió Marco, el cumpleañero, quien empezó a bailar,
iniciando de esta manera la fiesta, acompañados por un grupo de música que nos
provocó, cuando entonaron una salsa antigua, de esos años de nuestra juventud. No había exclusividad de parejas, todos éramos intercambiables, así llegó hasta mi Patty, una amiga, una testigo, de esos
tiempos, de melancolía y nostalgia, de
caminatas y charlas.
Esa noche sentí que en el pequeño lugar donde estudiamos, el tiempo se había detenido, porque los recuerdos aún estaban tan frescos, que
parecía ayer que nos habíamos despedido, sin embargo hoy puedo afirmar y sé que
todos estarán de acuerdo, que aquel lugar de la avenida del ejército, era nuestro pequeño mundo, nuestro refugio, un lugar
secreto con infinidad de historias por
contar…
Cualquiera que haya visto la película: “Guerrero”, entenderá que Paolo no tuvo una vida simple como muchos piensan, porque desde niño fue preparado para jugar, entrenado para luchar e inculcado para ganar. Su más grande sueño fue siempre, llegar al mundial, es por eso que hoy, muchos peruanos no creemos las acusaciones en su contra, y si las vemos, asumimos que son injurias no sólo en contra del capitán, sino en contra de un país, en contra del Perú, en contra del sueño de miles de jóvenes peruanos que vieron al “9” de la selección como la esperanza reencarnada. Pero eso, no les importó a los acusadores, porque deseaban: “humillar”. Por eso hoy, me aúno a esta generación y como dijo una señora: "Mi hijo y yo lloramos al escuchar la noticia", ese momento, mis ojos también se humedecieron junto a ella porque soy peruano, porque sentí rabia, por la injusticia, por aquellos que destruyen los sueños por causa del dinero. Porque al humillar a Guerrero, me humillaron a mí por ser peruano. Por eso pienso que el equipo blanquirrojo debe salir a luchar como nunca lo hizo para demostrar al mundo entero que el Perú no se rinde y que como nuestros héroes antiguos, que nos dejaron un legado: ”será hasta quemar el último cartucho”, por Paolo, por los sueños de nuestra gente y por el valor de un país, llamado: Perú. ¡Querrán pisotearnos!, ¡Querrán humillarnos!, ¡Querrán golpearnos! Y no podrán, no podrán… matarnos. ¡Viva el Perú!
Igual que se compran casas sobre plano, no suena tan descabellado lo de vender un libro antes de que esté escrito del todo; así te aseguras su futura publicación y te sientas a echar las horas de trabajo para acabarlo con más ganas. Bueno, a veces pasa, pero lo normal es que la editorial te pida el manuscrito terminado antes de ofrecerte un contrato. Los casos de preventa suelen estar reservados para escritores que ya tienen más cosas publicadas, normalmente con la misma editorial que, al firmar por adelantado, se asegura de que el autor se queda con ellos. También se puede dar el caso de un contrato previo si se trata de un libro de encargo, algo que la editorial quiere sacar porque existe esa demanda en el mercado y busca un escritor que se lo haga. Pero, lo normal, es que si el libro nace de tu propia iniciativa, te lo escribas entero y luego intentes colocarlo en las editoriales. Si eres de los que no pueden esperar, puedes probar a enviar los primeros capítulos a una editorial, a ver cómo respiran. Pero, por mucho que gusten, es más que probable que, hasta que no esté completo, no te aseguren su publicación. La realidad es que buscar una editorial antes de tiempo es como empezar la casa por el tejado. Si realmente estás escribiendo algo tuyo, sin las presiones del mercado editorial, confía en tu pericia y dale a la tecla, que ya tendrás tiempo de venderlo cuando esté presentable.
2. TIENEN QUE PAGARTE POR PUBLICAR EL LIBRO.
Si firmas un contrato editorial para publicar tu libro, te lo están comprando y deberían pagarte un anticipo por las ventas. Esto de ofrecer adelantos antes lo hacían casi todas las editoriales profesionales, pero, con la llegada de la crisis, se ha puesto de moda lo de publicar libros "a riesgo". La editorial te lo compra, aunque no es exactamente eso lo que ocurre porque, de primeras, no te llevas ni un duro. Después, cuando lo ponen a la venta, tienes un porcentaje de las ganancias que el libro reporte (ver punto 3). Las cifras pueden variar, desde unos pocos euros hasta un adelanto con varios ceros, según quién seas. La realidad es que eso del riesgo por publicar el libro, por mucho que te cuenten, sólo lo asume el autor. Es cierto que la editorial se hace cargo de las pérdidas que puedan tener por la publicación, pero ellos son una empresa y ya se sabe que, si tienes una de esas, te la tienes que jugar. Tú, como escritor, necesitas a la editorial para que tu obra llegue hasta los lectores, pero la editorial necesita material como el tuyo para poder ser una editorial. Lo que tienes con ellos es un quid pro quo, no un favor que te están haciendo. Recuérdalo antes de firmar.
3. TE LLEVARÁS 'ROYALTIES' POR LAS VENTAS.
En el contrato que firmes con la editorial estará estipulado cuánto te vas a llevar por cada libro que se venda, el porcentaje sobre su precio en el mercado. Estos royalties son variables, de nuevo depende de quién seas, pero suele haber unas cifras estipuladas. En literatura infantil y juvenil, lo normal es que te toque un 8% del precio de venta. Si incluye ilustraciones, el dibujante se lleva un trocito de la tarta del escritor, entre el 1 y el 3%. Para libros adultos, el porcentaje estipulado ronda de media el 10%. En ambos tipos de libros puedes tener royalties escalonados; empiezas con esas cifras pero, a medida que vendes más, el porcentaje que te llevas crece. En libro digital ganas más, un 25%, aunque su precio suele ser considerablemente menor. La cifra es más grande porque con los digitales la editorial se ahorra la distribución física y los gastos que eso conlleva. Las liquidaciones de los royalties suelen ser anuales, aunque no cobrarás hasta que la suma del porcentaje de tus ventas supere lo que te dieron de adelanto (por algo se llama así).
4. AL VENDER EL LIBRO A LA EDITORIAL CEDES TODOS LOS DERECHOS.
O no, según el contrato que firmes. El caso es que un libro no sólo tiene los derechos de libro, sino que también están los de ventas al extranjero, los de adaptación cinematográfica o televisiva, los de audio... En tu contrato estarán especificados los porcentajes que te llevarías en el caso de que tu editorial consiguiera colocar el libro fuera, o lo que ganarías si lo venden a una productora para que haga la película. También tienes la opción de llegar a un acuerdo para que esos derechos subsidiarios te los quedes tú. En ese caso, serías el que se encargaría de moverlo por las ferias y mercados internacionales de libros, o las productoras y cadenas de televisión. Conseguir ventas internacionales o adaptaciones por uno mismo es bastante difícil, la editorial tiene más puertas a las que llamar y conoce más gente detrás de ellas. Otra cosa sería que pertenecieras a una agencia literaria, y que fueran ellos los que se encargaran de mover esos otros derechos. En ese caso, compartirías las ganancias con la empresa que te representa.
5. TENER UN AGENTE PUEDE SER ÚTIL, SOBRE TODO SI NO TIENES NINGÚN CONTACTO EN EL MUNDO EDITORIAL.
Las agencias se encargan de leer el material que les hacen llegar los escritores, lo valoran y, si pasa su corte, se lo envían a la editorial que consideran conveniente; los agentes saben lo que se busca en cada sitio y no suelen errar en el tiro (ver punto 6). Si lo envías directamente tú a la editorial, siendo novel, pues igual cuela, pero es más difícil que acabe publicado. Si llegas de la mano de una agencia, la editorial lo va a mirar con otros ojos porque saben que ya ha pasado su filtro. Pero tampoco es fácil que te elijan en una agencia para representarte, sobre todo en las más grandes (Carmen Balcells, Antonia Kerrigan). Tener obra previa publicada, un buen currículum y la recomendación de algún escritor de su catálogo te puede ayudar, pero, aun así, puede que no entres. Otra opción es probar con cualquier otra agencia más pequeña, presentarte, ofrecerles tu material y ver si les interesa movértelo. Si finalmente entras a ser uno de sus autores, firmarás un contrato con el que se comprometen a mover tu obra, llevándose entre un 15 y un 20% de las ganancias si consiguen publicarla. Por entrar en su lista de autores no te cobran. Lo de las agencias es cuestión de gustos (hay autores consagrados que no pertenecen a ninguna) y de necesidades.
6. CADA LIBRO TIENE SU EDITORIAL.
Las editoriales no publican las cosas al tuntún, la mayoría de ellas tienen una imagen de marca a la que son fieles, con un tipo de libros que las definen. Además, los grandes grupos editoriales (Planeta, Penguin Random House, Anaya) tienen sellos diferentes especializados en tipologías literarias o de libros de no ficción. Por ejemplo, un libro de ciencia ficción, si se lo envías a Planeta, debería ir directo a los editores de Minotauro, el sello del género del grupo. Si lo haces llegar a Penguin Random House, la mejor opción sería su sello Fantascy. Además, en las editoriales se diferencia entre libros comerciales y los que tienen otro valor. Seix Barral o Alfaguara cuidan su catálogo para que no entren estrellas televisivas. En cambio, otros sellos los cuidan para que entren el mayor número de rostros famosos posibles. Antes de enviar tu libro, echa un ojo a los catálogos editoriales para ver dónde encaja más. Ahorrarás tiempo tú y los que se lo van a leer.
7. LAS EDITORAS QUIEREN LO MEJOR PARA TU LIBRO.
Una vez has conseguido que te abran la puerta de la editorial, te pondrán una editora (es un trabajo en el que hay muchas más mujeres que hombres) para preparar la salida al mercado de tu libro. Le daréis una vuelta juntos al estilo y quizás a alguna parte de la historia. Quizás la editora le vea algunos agujeros a la trama o le parezca que el final podría mejorarse, y te pide algunos cambios. La obra es tuya y, en principio, puedes dejarla como las has entregado si no había condiciones para su publicación. Pero, normalmente, cuatro ojos ven más que dos y es raro que la gente que lleva el mercado se equivoque. También es trabajo de las editoras elegir la portada, aunque se suele pedir opinión al autor sobre sus preferencias y se elige una por consenso. Pero es importante que valores que ellas tienen más claro qué debe verse en la portada de un libro para que sea más llamativo en el mercado, que sacan cientos al año. En cualquier caso, todos estos ñiñiñís pueden desatar la polémica entre autores y editoriales. Es importante que recuerdes que la editora quiere lo mejor para ti y para tu libro. Si es la primera vez que publicas, confía en su criterio y no te pelees por si te han movido una coma de sitio. Piensa que estás de viaje en el extranjero y tienes la suerte de contar con una guía que te va a enseñar lo mejor de ese país que tú sólo habías visto en fotos.
8. TE VAN A PIRATEAR EL LIBRO.
Por mucho que nos cuenten que los brotes verdes están dando flores, la realidad es que el mercado editorial no levanta cabeza desde que empezó la crisis. La gente ya no tiene dinero para comprarse un libro cada vez que le apetece. Lo que sí que tienen muchos ahora es un libro electrónico, que se puede llenar con ejemplares en formato epub a un precio mucho más económico que los libros en papel. Lamentablemente, algunos lectores tiran de enlaces de descarga pirata para cargar el ebook (normalmente los que lo hacen sólo los llenan porque es imposible tener tiempo material para leerse miles de libros). Este tema de la piratería es polémico, parece que si te manifiestas en contra te ponen la cruz, que lo que se lleva es lo del acceso libre a la cultura. Pero es que los escritores no estamos libres de gastos... Puede ser que las cosas estén difíciles y los libros sean un extra prescindible. También puede ser que el precio del formato electrónico sea excesivo y se debería bajar. Pero lo que no puede ser es que no se pague nada por algo que un escritor ha pagado con muchas horas de su vida. Eso es una putada, no para el sistema, sino para gente con nombres, apellidos y necesidades. Además, que si se siguen pirateando libros, no habrá más libros de piratas.
9. ESTARÁS EN LAS LIBRERÍAS, PERO POR UN TIEMPO LIMITADO.
Eso de ir a la librería y ver una montaña de libros con tu nombre en la portada es un sueño del que al final te toca despertar. Los libros llegan a las librerías como novedad y, durante un tiempo limitado, las editoriales se los ceden sin coste. A cambio, los libreros los colocan en las partes más visibles del negocio y se encargan de que el libro entre por la puerta grande. Ese periodo de préstamo sin compromiso antes era de unos tres meses. Con la crisis, los libreros necesitan tener líquido cuanto antes, así que no pueden permitirse darle muchas oportunidades a un libro para ver si funciona; si en un mes y poco, dos como mucho, tu montaña de libros no ha desaparecido de la mesa de novedades, la mandan de vuelta a la editorial. En el caso de que decidieran quedárselos tras esa especie de periodo de prueba, los libreros tendrían que pagar por ellos, comprarlos. Es difícil que se apueste por más de un par de ejemplares de algo que no ha despegado bien, así que esos suelen ser los que se quedan en las librerías. En las grandes superficies el mercado aún es más duro y rápido y pueden acabar antes contigo, aunque también pueden hacer más por ti si te va bien, por el volumen de ventas que manejan. Una vez retirado, sólo te queda confiar en que el boca a boca tardío (en ocasiones, iniciado por los libreros que sí decidieron apostar) funcione y el libro vuelva a las librerías. Puede pasar, El tiempo entre costuras o Los juegos del hambre empezaron fatal y ahora hay casi un ejemplar en cada casa.
10. TENDRÁS SONRISAS, PERO TAMBIÉN LÁGRIMAS.
Publicar un libro es una de esas cosas que te hacen sentir que estás haciendo algo útil con tu vida, como lo de plantar un árbol y tener un hijo. Cuando al fin consigas sortear todos los obstáculos para ver impresa tu obra, se te dibujará un gajo de mandarina en la boca. A partir de ese momento, empieza tu vida como escritor, y la vida del libro; presentaciones, entrevistas, ferias, firmas... Cosas que igual te imaginas que van a ser la leche y luego resulta que alguna de ellas se convierte en un mal trago. Hasta los escritores top han chupado banquillo en las casetas de las ferias esperando a que alguien se decidiera a pedirles una dedicatoria, que un mal día lo puede tener cualquiera. Y las presentaciones son imprevisibles; un día de lluvia puede dejar hasta la de un best seller desierta. Además, te toca enfrentarte a las opiniones de los lectores, que con esto de las redes sociales es fácil que te lleguen. Te encontrarás con unas buenísimas y con otras que no lo serán tanto. Enfadarse no suele valer de nada. En cambio, escucharlas y valorarlas te puede ayudar a ser un escritor mejor. En cualquier caso, te aconsejo que te quedes con las sonrisas y vayas a por el siguiente libro.
“Escritoras peruanas,
talentosas que triunfan en tierras lejanas”.
Elga Reátegui
Patrice Hanke
Esta semana fue muy apretada y a
la vez enriquecedora por la presencia en Lima de dos escritoras y poetas, peruanas, de mucho recorrido en el
arte de la narración: Elga Reátegui, radicada en valencia, España y Patrice
Hanke, que radica en Wisconsin, Estados Unidos, ambas de visita en Lima, cada
una con una trayectoria diferente pero que confluyen en que ambas son mamás,
luchadoras, emprendedoras y empoderadas completamente de su peruanidad y su
lucha por resaltar su legado en países, lejanos y extraños, donde aún existe discriminación por ser
latinos.
Ambas cuentan anécdotas y
experiencias enriquecedoras, hablan de sus logros y penas, disfrutan su quehacer narrativo sobre
cualquier problema y envuelven a los lectores en realidades, que les es difícil
abandonar. Elga deja la presencia
peruana muy en alto en Europa y llegó a Lima para presentar su última novela “Y te diste la media vuelta”, no les
cuento más, Lima está que arde, pero de literatura y más aún Patrice con su novela "Gentita de barrio"y dos novelas en su haber que engalanó, también
a esta ciudad. Ambas contarán, nos hablarán de su vida, de sus experiencias, de
sus logros. Esta historias se las contaré, “no
hoy, pero sí mañana”. En este muro y
en el “grupo de escritores libres
peruanos”.