martes, 14 de noviembre de 2017

Nostalgia

Hace unos días asistí a una reunión  de excompañeros  de la universidad Garcilaso,  al llegar y verlos recordé  a esos muchachos y muchachas que dejé de ver  cuando eran delgados, risueños, mal vestidos y con mucho entusiasmo, ellos, mi generación, los sobrevivientes  de la  agitada década de los ochenta, la de los cambios, ¿rompimos prejuicios? No lo sé, pero empezamos a vivir, como nunca.
Entre ellos estaba el muy apreciado Coco o “Coco Chancay” como él prefería que lo llamaran  y Marco, que como buen anfitrión apareció,  resolviendo los últimos entretelones  de la reunión, por otro lado, Milagritos se encargó de recibir a todos y  César, Roberto, Coco, Jorge y Estela entretenían con sus anécdotas transportando al que los escuchaba, en el tiempo, es por eso que evoqué  el primer día que asistimos a la universidad, cuando nos juntaron a todos (185 ingresantes) en un aula prestada de ingeniería industrial,  porque no teníamos nada, ni salón, ni local, sólo un título virtual de: “ingresantes de comunicación”.
-Éramos gitanos-pensé y creo que a todos les pasó esa idea por la cabeza.
- ¡Si!,  ¿recuerdas? – dijo Roberto - el local de Sánchez cerro, allí nos ubicaron primero
- y después nos reubicaron en la avenida del ejército- intervino César.
¡Y allí empezó todo!- recalcó Jorge, pícaramente- soltando una carcajada, que provocó a los demás.
Recordamos las fiestas, las borracheras, los licores baratos  y las billeteras vacías que hacían imposible tomar un taxi en horas de la madrugada y de como para ir a una fiesta de algún compañero o compañera viajábamos largas distancias, sin importar si el lugar era  peligroso, y casi siempre no salíamos hasta el día siguiente.
-¡Misios!- gritó alguien- y todos gozamos la ocurrencia con carcajadas.
Las mujeres de nuestra promo, en cambio, se pasaron casi toda la fiesta tomándose selfies, como cuando muchachas, riéndose, haciendo bromas, disfrutando el reencuentro y es que realmente esta reunión no hubiese salido bien, sin la animada participación de Milagritos, Elsa, Sonia, Patty, María y Marcela que  lograron  crear un ambiente de camaradería y a esto, se añadió Marco, el cumpleañero, quien empezó a bailar, iniciando de esta manera la fiesta, acompañados por un grupo de música que nos provocó, cuando entonaron una salsa antigua, de esos años de nuestra juventud. No había exclusividad de parejas, todos éramos intercambiables, así llegó hasta mi Patty, una amiga, una testigo, de esos tiempos,  de melancolía y nostalgia, de caminatas y charlas.
Esa noche sentí que en el pequeño lugar donde estudiamos, el tiempo se había detenido, porque los recuerdos aún estaban tan frescos, que parecía ayer que nos habíamos despedido, sin embargo hoy puedo afirmar y sé que todos estarán de acuerdo, que aquel lugar de la avenida del ejército,  era nuestro pequeño mundo, nuestro refugio, un lugar secreto con infinidad de historias  por contar…


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