sábado, 16 de diciembre de 2017

POR TI VOLARÉ

POR TI VOLARÉ
Este viernes feriado asistí a un matrimonio anhelado, ¿y saben por qué?, debido a que los novios llegaron a mi casa con una invitación tan especial que me quedé sorprendido, porque prometieron realizar un festín dedicado al amor, donde los invitados sólo serían íntimos amigos, involucrados con ellos, idóneos  para deleitarse con sus expresiones y sentimientos.
Para lograrlo, los novios se preocuparon por alquilar un idílico local con un enorme campo de césped, rodeado de árboles y en el centro, un toldo especial de matrimonio, cubierto con cortinas de tool, elegantes y especiales para dejar pasar la luz del sol, dándole al lugar un ambiente  natural.  A un costado, un arco nupcial, lleno de flores,  con sillas a su alrededor, allí, yacía esperando a los invitados para dar inicio a la  ceremonia.
¡El novio, el novio!- se escuchó de pronto, gritos por todas partes, mientras presurosos corrían muchos jóvenes, entre ellos mi  hijo de trece años, quien al enterarse de que Álvaro se casaría, dejó todo para ser uno de los pajes, porque sabía que el novio era el hijo de Nelly y José, buenos amigos, de muchos años, casi familia y él no quería perdérselo.
Inmediatamente como había sido programado, la voz melodiosa de un tenor inundó el ambiente cual ruiseñor, encandilando los oídos de los presentes al entonar frases de amor, de la canción: “Por ti volaré”, de Andrea Bocelli; entre tanto los pajes, que se acercaban, al ritmo melódico,  anunciaban  la  llegada del  novio.  Al verlo la música me traslado hacia el pasado, cuando él tenía 2 añitos  y  sentado en un columpio  me decía: “pofesó amputame, (empújame) y ahora al verlo hecho un hombre, caminando resuelto con su mamá al altar, comprendí que el destino de los seres humanos es así, algún día,  abandonaran a los padres para volar como dice la canción en busca del amor de su vida, por el que dejaran todo sin importar nada, anhelando sólo estar con aquel o aquella que complementará su existencia y se cumplirá lo que dice esta estrofa:
“Por ti volaré,
Espera… que llegaré,
Mi fin de trayecto eres tú…,
Contigo yo viviré,
Por ti volaré,
Por  cielos y  mares hasta tu amor,
Abriendo los ojos por fin…,
Contigo yo  viviré”.
Miré a Nelly (la mamá del novio) que con sus ojos enrojecidos decía adiós a su único  hijo y José (su papá) sentado en primera fila, resignado ante un destino inevitable. Era la despedida, el momento en que los padres decimos adiós a nuestros hijos. Los vemos partir esperanzados que ese vuelo será el mejor de sus vidas, deseándoles por siempre lo mejor. Miré a mi hijito de trece años, un niño aún, acompañado de una niña y  supe que él también volaría algún día y sería el día más triste de mi vida y a la vez, el de mayor satisfacción, al verlo feliz y realizado y diría lo mismo que dijo Nelly casi al final de las celebraciones:   
 “No estoy triste, sino muy feliz porque he cumplido la misión de ver a mi hijo casarse, ahora tengo otra hija y quiero muchos nietos” 
Sus palabras provocaron lágrimas, risas, recuerdos, penas y esperanzas, aunque ciertas frases de la novia retumbaban en mis oídos: “todos los que están aquí, han venido a compartir y sentir nuestro amor” créanme que así fue, salí satisfecho de haber presenciado este matrimonio porque entendí  que el destino de todos es volar como las aves y dejar nuestro primer nido para  juntarnos con una idónea o idóneo y seguirlo por confines desconocidos, por cielos y mares, abriendo los ojos por fin,
Puedo concluir, manifestando la certeza de Dios  en génesis 2:24,  cuando manifestó:
“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”    


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