Estos días tuve una interesante conversación
con una profesora sobre la capacidad para manejar personal conflictivo y
créanme que me quedé asombrado al escuchar sobre una Directora a la que le decían: “la dama de hierro”. Su
apelativo despertó mi interés y hurgué más sobre este personaje.
-¿Qué pasaría si llega una Directora
con aspiraciones de cambiar el sistema, levantar la imagen del colegio y
colocarlo entre los primeros puestos del distrito y de la UGEL?- me preguntó tan fascinada que me
abstraje por unos segundos y evoqué al entrenador Careca y todo lo que debió haber padecido para realizar los cambios en la
selección, las peleas, desencuentros, enemistades y la firmeza de continuar,
pese a quien le pese.
Según mi informante casual, esta
Directora llegó con muchas aspiraciones, quería que este centro educativo se
convierta en un colegio vitrina (colegio modelo) entre todas las
instituciones educativas y para
lograrlo, tenía que ser el mejor en todo, metodología, personal,
infraestructura y desempeño. Pero al llegar se tropezó con un problema, el personal. A ellos no le gustaba que les llamen la atención, se reunían en todo momento, interrumpiendo
sus horarios de clase, llegaban
tarde y marcaban tarjeta como si
hubiesen asistido temprano, hasta que ella decidió cambiar esta situación, pero
una profesora se le enfrentó y empezó a
gritar buscando el apoyo de las demás, desde un extremo del patio hasta el
lugar donde ella estaba.
-¡Si quiere póngame tardanza y se
acabó!- gritó tan enfurecida, que su rostro temblaba- ¡No me gustan los sermones!
Ante la mirada cómplice y sorprendida
de todos los que escuchaban, la Directora
sólo atinó en acercarse a ella, hasta que la tuvo lo suficiente cerca.
-No necesitas gritar para que te
escuche – le increpó calmadamente y muy serena- o ¿es
que buscas levantar a los demás contra
mí?
¡No es así! – Volvió a la carga-
póngame la tardanza y se acabó.
-¿Creo que no es sólo eso?- le
contestó – pienso que tu tardanza es una falta y debes mejor retirarte o si
prefieres quédate, pero sabiendo que no estas considerada como presente.
¡No, no! – Le replicó ofuscada- ¡Yo sé mis derechos y usted no me puede poner
falta!
-Si vas a replicar, refútame con las
normas – sacó unos documentos y le mostró- el horario de entrada es
7:45 de la mañana y el de salida,
a la 1 de la tarde, pero no hay normas para las tardanzas, por lo tanto, si no estas a la hora es como si hubieses faltado.
-Si pero en el reglamento interno
del colegio- dudó y bajó la voz.
-No dice nada- arremetió contundente, la directora
-Bueno yo…-se quedó callada.
Esta provocación permitió que todos
le tengan temor, porque no necesitó gritar, sino mostrarle las normas y eso
las asustó; y la respetaron. Aunque las
luchas y los enfrentamientos no acabaron, pero si les narro todo, haría una novela,
sin embargo, sí puedo decir algo: logró en un año, convertir a
su institución en un “colegio vitrina”, a
pesar de los obstáculos, pugnas, acusaciones, pero ella no se amilanó y
enfrentó con una entereza sorprendente, aplicando en su vida una aspiración, que
la mantiene fuerte ante las tempestades de la vida y es llegar a ser algún día, la próxima: “Ministra de Educación”.
¿Tarea difícil? para algunos sí, pero para ella era un reto más, al que vencía con una vida planificada de muchos ejercicios en el gimnasio, abundante lectura, alimentos nutritivos y salidas constantes con buenas amistades.
¿Tarea difícil? para algunos sí, pero para ella era un reto más, al que vencía con una vida planificada de muchos ejercicios en el gimnasio, abundante lectura, alimentos nutritivos y salidas constantes con buenas amistades.
No sé lo que ustedes piensen,
pero personas tan esquemáticamente preparadas, realmente pocas, creo que algún
día la veré ocupando ese cargo que tanto ansía y entonces diré: “Sigue tus
sueños, que algún día se cumplirán”.







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