Hace unos días visité a un familiar que no veía hacía muchos años, estaba muy enfermo y su diagnóstico era reservado. El anciano al verme sonrió y se acercó afectuoso, me dio la mano y al sentir la mía, no la soltó, se acercó a mi oído y susurró:
"Quisiera tener tus años para hacer lo que nunca pude hacer, desafiar las tempestades del mar, correr, viajar, despertar en los helados bosques, subir a los montes, caminar descalzo en la nieve, buscar incansablemente a la mujer de mis sueños y pelear por ella hasta la muerte y si acaso sigo vivo, escribirlo todo y sin nada más que dar, entregar mi cuerpo anciano, pero satisfecho, a la muerte".
Me quedé estupefacto y no supe que contestarle, entretanto que él me miraba fijamente como si tratara de decirme algo más, pero después de unos segundos, apareció mi papá y el anciano decidió callar, bajó la los ojos y se encorvó.
-¡Dios te guarde hijo!- me dijo, mientras mi padre me miró desconcertado.
-Qué le pasa?- me dijo
-No sé- le contesté
-No sé- le contesté
Mi tío, un anciano de 80 años, se había vuelto un ermitaño, cascarrabias, que apenas soltaba una palabra, sin embargo, ese día al verme, se acercó para hablarme. ¿Quizás quiso contarme algo? No lo sé.
A él lo recordaba en su auto de los años cincuenta, alegre y jovial comentando sus viajes con anécdotas simpáticas, siempre nos visitaba y cuando llegaba a casa, lo primero que hacía, era mandar a comprar unas gaseositas para invitar a toda la familia.
-La gaseosa- decía él -es mi delirio, quizás algún día me muera a causa de ellas.
Era un mujeriego empedernido sin casa, o bienes conocidos. Nunca permaneció quieto, siempre buscaba el placer de la vida, le gustaba la libertad, le encontraba un placer casi desquiciado vivir sólo. No consentía que una mujer viva con él, antes que hablaran sobre una relación estable, las despedía. Por eso muchas mujeres dolidas le decían: "algún día te enamorarás de alguien como tú y pagarás lo que has hecho" pero él, se burlaba y decía a los cuatro vientos, entre risa y risa: "Nunca".
En sus últimos años, ya cuando ninguna fémina le hacía caso, se enamoró locamente de una mujer de 20 años. Según él: "Una niña dotada de una hermosura sobrenatural, todo en ella, era perfecto, su cuerpo esbelto, su sonrisa picara y tierna, sus ojos cautivadores, de ensueño. La naturaleza se había agraciado en ella y él por primera vez en su vida cayó cautivo como un adolescente. Aprovechó la oportunidad, como sabía que ella necesitaba un lugar donde alojarse, le ofreció su departamento de una sola cama. Allí dormían los dos y él era el hombre más feliz de la tierra hasta que un día, la niña escapó.
Afligido salió a buscarla y cuando regresó, lo primero que observó, fue su imagen en el espejo y por primera vez entendió que ya no era un mozo, sino un anciano. Trató de disipar los dolorosos momentos pero para un hombre de 70 años toda aventura resultaba demasiado fatigosa, hasta que después de cinco años me encontró y me dijo en una ráfaga de segundos lo que pesaba en su corazón.
No le entendí. No supe si quería darme un consejo o pedirme que la busque. Nunca lo sabré, porque unas semanas después me enteré que él vivía en una cochera como cuidador y estaba muy mal con una neumonía fulminante, la causa una gaseosa helada. ¿ironías de la vida? Mi padre fue a verlo y lo encontró enfermo, lo llevaron a un hospital, pero no aguantó y a los días murió.
La única herencia que dejó fue una refrigeradora, una radio, una cama y un gato que nadie quiso llevar, pero el hermano de mi papá decidió entregar todo a la señora que lo cuidó. No había hijos que le lloren, ni mujer, sólo amigos y algunos familiares.
El día de su entierro asistieron mucha gente desconocida, muchos amigos de él, y entre esa multitud, una mujer enigmática con un vestido ceñido, lanzó una flor a su féretro. Me percaté de ella debido a que cumplía todos las descripciones del tío. Y sin preámbulos, me acerqué y pregunté.
-¿Eres Susana?- la hermosa mujer, retiró sus gafas y dejó ver unos divinos ojos canela.
-¡Quizás!- me dijo, esbozando una sonrisa coqueta- ¿quién lo pregunta?
Al verla entendí porque el tío se enamoró perdidamente de esta mujer.
-Tengo un mensaje para ti- le dije.
Esa tarde, me escuchó atentamente y soltó unas lágrimas por el tío. Luego se despidió, pensé en retenerla, en conocerla más, pero entendí que no podía ser, porque ella era como el tío, una especie de aves que nacieron para vivir en libertad.
A él lo recordaba en su auto de los años cincuenta, alegre y jovial comentando sus viajes con anécdotas simpáticas, siempre nos visitaba y cuando llegaba a casa, lo primero que hacía, era mandar a comprar unas gaseositas para invitar a toda la familia.
-La gaseosa- decía él -es mi delirio, quizás algún día me muera a causa de ellas.
Era un mujeriego empedernido sin casa, o bienes conocidos. Nunca permaneció quieto, siempre buscaba el placer de la vida, le gustaba la libertad, le encontraba un placer casi desquiciado vivir sólo. No consentía que una mujer viva con él, antes que hablaran sobre una relación estable, las despedía. Por eso muchas mujeres dolidas le decían: "algún día te enamorarás de alguien como tú y pagarás lo que has hecho" pero él, se burlaba y decía a los cuatro vientos, entre risa y risa: "Nunca".
En sus últimos años, ya cuando ninguna fémina le hacía caso, se enamoró locamente de una mujer de 20 años. Según él: "Una niña dotada de una hermosura sobrenatural, todo en ella, era perfecto, su cuerpo esbelto, su sonrisa picara y tierna, sus ojos cautivadores, de ensueño. La naturaleza se había agraciado en ella y él por primera vez en su vida cayó cautivo como un adolescente. Aprovechó la oportunidad, como sabía que ella necesitaba un lugar donde alojarse, le ofreció su departamento de una sola cama. Allí dormían los dos y él era el hombre más feliz de la tierra hasta que un día, la niña escapó.
Afligido salió a buscarla y cuando regresó, lo primero que observó, fue su imagen en el espejo y por primera vez entendió que ya no era un mozo, sino un anciano. Trató de disipar los dolorosos momentos pero para un hombre de 70 años toda aventura resultaba demasiado fatigosa, hasta que después de cinco años me encontró y me dijo en una ráfaga de segundos lo que pesaba en su corazón.
No le entendí. No supe si quería darme un consejo o pedirme que la busque. Nunca lo sabré, porque unas semanas después me enteré que él vivía en una cochera como cuidador y estaba muy mal con una neumonía fulminante, la causa una gaseosa helada. ¿ironías de la vida? Mi padre fue a verlo y lo encontró enfermo, lo llevaron a un hospital, pero no aguantó y a los días murió.
La única herencia que dejó fue una refrigeradora, una radio, una cama y un gato que nadie quiso llevar, pero el hermano de mi papá decidió entregar todo a la señora que lo cuidó. No había hijos que le lloren, ni mujer, sólo amigos y algunos familiares.
El día de su entierro asistieron mucha gente desconocida, muchos amigos de él, y entre esa multitud, una mujer enigmática con un vestido ceñido, lanzó una flor a su féretro. Me percaté de ella debido a que cumplía todos las descripciones del tío. Y sin preámbulos, me acerqué y pregunté.
-¿Eres Susana?- la hermosa mujer, retiró sus gafas y dejó ver unos divinos ojos canela.
-¡Quizás!- me dijo, esbozando una sonrisa coqueta- ¿quién lo pregunta?
Al verla entendí porque el tío se enamoró perdidamente de esta mujer.
-Tengo un mensaje para ti- le dije.
Esa tarde, me escuchó atentamente y soltó unas lágrimas por el tío. Luego se despidió, pensé en retenerla, en conocerla más, pero entendí que no podía ser, porque ella era como el tío, una especie de aves que nacieron para vivir en libertad.







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